¿Te cuesta admitir que sientes rencor hacia tu madre? Quizá la quieres y, a la vez, algunas conversaciones, recuerdos o gestos todavía te duelen. Puede que te preguntes si eres una mala hija por sentirlo o si, para estar en paz, tienes que perdonarla.
Quiero decirte algo con claridad: soltar el rencor no significa perdonar, rendirte ni hacer como si nada hubiera pasado. Tampoco te obliga a mantener una relación cercana. Puedes querer a tu madre y necesitar distancia. Puedes reconocer el daño y elegir qué lugar tendrá hoy en tu vida.
No tienes que decidir ahora cómo debería ser vuestra relación. Podemos empezar por comprender qué estás cargando tú.
¿Qué significa sentir rencor con tu madre?
Hablar de rencor hacia la propia madre puede dar vergüenza. Muchas personas lo guardan en silencio porque piensan: «No debería sentir esto» o «Después de todo lo que ha hecho por mí, no tengo derecho a quejarme».
Si te reconoces, no eres un monstruo ni una mala hija. Estás poniendo nombre a una emoción que merece ser escuchada sin dramatizarla y sin juzgarte.
El rencor no siempre es odio ni deseo de venganza. A veces es una herida antigua que sigue pidiendo reconocimiento. Puede estar relacionada con sentir que no te escucharon, que tus necesidades quedaron en segundo plano o que todavía esperas una conversación que nunca llega.
Nombrarlo no significa condenar a tu madre. Significa dejar de condenarte a ti por sentirlo.

¿Por qué no se va solo con el tiempo?
¿Pensabas que, al hacerte adulta, la emoción desaparecería? El tiempo puede cambiar la relación, pero no siempre resuelve lo que quedó pendiente. A veces, el rencor se disfraza de otras cosas:
- Te sientes agotada después de hablar con ella.
- Cualquier comentario te irrita más de lo que esperabas.
- Mantienes la distancia, pero luego te sientes obligada a llamarla.
- Una visita activa tristeza, tensión o enfado durante horas.
- Te dices que «ya pasó», aunque sigues repasando la misma escena.
Tal vez la emoción aparece porque algo de aquella historia todavía tiene peso en tu presente. No hace falta que revivas cada detalle ni que encuentres una explicación perfecta. Puede ayudar empezar con una pregunta sencilla: ¿qué parte de lo ocurrido sigue doliéndome hoy?
Puedes quererla y estar herida a la vez
Este es el nudo: ¿cómo vas a querer a tu madre y sentir enfado con ella al mismo tiempo?
Puedes. El amor no borra el daño, y el dolor no demuestra que no haya amor. A veces esperabas afecto, escucha o protección y no lo recibiste como necesitabas. Reconocerlo no obliga a negar los momentos buenos ni a justificar los difíciles.
Dos sentimientos pueden convivir. No tienes que escoger uno para que el otro sea válido.

Tres ideas que pueden mantenerte atrapada
«Si suelto el rencor, tengo que perdonarla». No necesariamente. Soltar puede significar reducir el espacio que el rencor ocupa en tus pensamientos y decisiones. El perdón, si llega, es una elección personal; no es un requisito para cuidarte. La Mayo Clinic explica que perdonar no equivale a olvidar, justificar el daño o reconciliarse.
«Si pongo distancia, es que no la quiero». No. Puedes querer a alguien y hablar menos, poner límites o elegir no tener contacto por un tiempo. Un límite no es una prueba de amor o desamor: es una decisión sobre lo que puedes sostener ahora.
«Si sigo enfadada, soy rencorosa y eso está mal». Sentir enfado no define tu carácter. Puede señalar que algo te dolió o que una situación actual cruza tus límites. Lo importante no es castigarte por sentirlo, sino encontrar una manera de responder que te cuide.
¿Qué significa soltar el rencor en la práctica?
No significa dejar de recordar ni convencerte de que estuvo bien. Significa que, poco a poco, el recuerdo puede dejar de dirigir tus decisiones. Que una llamada no te ocupe toda la semana. Que puedas elegir si contestas ahora o más tarde. Que el enfado no sea la única voz disponible cuando decides qué relación quieres tener.
Por ejemplo, quizá hoy respondes inmediatamente por obligación, aunque estés alterada. Soltar puede empezar por esperar a estar más tranquila y contestar cuando tú elijas. O quizá las conversaciones sobre cierto tema terminan en tensión: puedes decidir no hablar de ello, cambiar de asunto o despedirte con respeto.
Soltar no es acercarte a toda costa. Es recuperar capacidad de elegir.
¿Cómo puedes empezar sin forzarte a perdonar?
Prueba a avanzar con pasos pequeños. No son una fórmula ni tienes que completarlos todos hoy.
- Reconoce lo que sientes sin atacarte. Puedes decirte: «Siento rencor, y quiero entender qué me está mostrando».
- Busca la herida concreta. ¿Qué esperabas recibir? ¿Qué situación todavía te pesa? Intenta describirla en una o dos frases, sin exigirte resolverla de inmediato.
- Separa el amor del daño. Puedes valorar ciertos momentos y reconocer otros que te hicieron daño. Una cosa no cancela la otra.
- Decide qué relación puedes sostener ahora. No la relación ideal, sino la real. ¿Te convienen las llamadas semanales, los mensajes o las visitas más cortas? ¿Qué temas prefieres reservar?
- Calma el cuerpo antes de responder. Si notas tensión, apoya los pies en el suelo, mira alrededor y nombra tres cosas que ves. Deja salir el aire lentamente. Date un momento para elegir tus palabras.
Un límite puede ser tan concreto como: «Ahora no puedo hablar de esto», «Voy a terminar la llamada si seguimos discutiendo» o «Prefiero que nos veamos durante menos tiempo». No hace falta que la otra persona esté de acuerdo para que tú puedas expresar lo que necesitas. Si hacerlo te resulta inseguro, busca apoyo antes de plantearlo.

¿Y si sanar la relación no significa acercarte?
Sanar relaciones familiares no siempre quiere decir reconciliarse o recuperar la cercanía. A veces significa aceptar con más claridad cómo es la relación, dejar de esperar que una conversación lo cambie todo y elegir límites que cuiden tu bienestar.
Puedes seguir queriendo a tu madre y no hablar con ella cada día. Puedes mantener un contacto más breve, hablar de otra manera o tomar distancia. Eso no te convierte en mala hija. El pasado merece ser comprendido, pero no tiene que decidir por ti para siempre.
La liberación de resentimiento hacia los padres no exige negar lo ocurrido. Puede consistir en dejar de cargar con ello a solas y construir una forma de vivir el presente con más calma, claridad y libertad.
Un acompañamiento adaptado a tu historia
Si este rencor se repite, te desborda o te deja bloqueada, el acompañamiento emocional puede ayudarte a entender qué ocurre y a encontrar respuestas prácticas para tu vida actual. Cada proceso es único: no hay una relación familiar idéntica a otra ni una solución estándar.
Soy Stefania Nuti y te acompaño con un enfoque personalizado, práctico y estratégico que combina herramientas de coaching, PNL y regulación del sistema nervioso. Cuento con certificación internacional en intervención estratégica con la escuela de Tony Robbins y Cloe Madanes, y formación en primeros auxilios psicológicos. Puedes conocer más sobre mi formación y mi manera de acompañarte, o consultar las sesiones presenciales y online.
Este acompañamiento no sustituye la atención psicológica o psiquiátrica cuando hace falta. Si hay violencia, miedo por tu seguridad, síntomas intensos o un malestar que afecta mucho a tu vida diaria, es importante buscar apoyo profesional cualificado. Pedir ayuda también es una forma de cuidarte.
Preguntas frecuentes
¿Puedo soltar el rencor sin perdonar a mi madre?
Sí. Puedes centrarte en reducir la carga emocional y recuperar capacidad de elección, sin forzarte a perdonar. No tienes que decidir ahora si algún día querrás hacerlo.
¿Poner límites significa que ya no la quiero?
No. Un límite define qué puedes sostener y cómo quieres relacionarte. Puedes querer a tu madre y necesitar menos contacto, conversaciones distintas o más espacio.
¿Y si todavía me enfado al hablar con ella?
Es comprensible. Observa qué suele activar el enfado y date tiempo antes de responder. Si estas situaciones te desbordan o interfieren en tu día a día, buscar acompañamiento puede ayudarte a explorar lo que necesitas.
¿Cuántas sesiones necesitaré?
Cada persona tiene su propio ritmo y sus circunstancias. El enfoque es práctico y breve, pero no se pueden prometer resultados idénticos ni fijar una duración igual para todos. En una primera conversación podemos valorar qué apoyo tendría sentido para ti.
¿Puedo empezar aunque no sepa explicar lo que siento?
Sí. No necesitas tenerlo todo claro ni contar tu historia de manera perfecta. Puedes empezar diciendo: «Siento algo que no sé cómo soltar». Desde ahí, iremos encontrando palabras y un camino que respete tu ritmo.
Es posible quererla y elegirte también
No tienes que borrar el pasado, justificarlo ni forzar una reconciliación para avanzar. Puedes reconocer tu rencor, cuidar tus límites y decidir qué relación quieres sostener hoy. Poco a poco, puedes entender lo que sientes, regular tus reacciones y recuperar espacio para vivir tu propia vida.
Si quieres comenzar, puedes escribirme para una primera conversación sin compromiso. Te escucharé con respeto y veremos juntas qué tipo de acompañamiento encaja con tu situación.
No tienes que resolverlo todo hoy. El primer paso puede ser dejar de juzgarte por sentirlo.